viernes, 8 de julio de 2016

Siéntese

 Y ahora le juro, que con 70 años más me animaría a todo lo que no hice en aquella época, por cobardía, pero claro, hay un dicho que me atormenta desde el día en el que los años empezaron a pesarme, y es "Si no quisiste cuando pudiste, no podrás cuando quieras", no sé muy bien para qué se está usando esa frase ahora, yo la uso para recordar lo cobarde que fui cuando era joven, con muchas cosas, con muchas, pero sobre todo, hablando de amor. Fui muy cobarde acerca del amor, ¡y el amor no es eso! El amor es todo lo contrario, es arriesgarse sin pensar en el qué pasará después, es entregarse por completo, todo todito sin guardarse nada, es todo eso que yo no supe ser. Cuando tenía que irme, me quedaba, cuando tenía que quedarme me iba, cuando la miraba a los ojos y quería decirle un millón de cosas, le decía nada porque me daba terror que me despreciara, me daba terror el sentir más que ella y le balbuceaba palabras a veces, así, con cuentagotas, casi en silencio. Pero también cuando hablaba de más me quedaba vacío. Me tocó enamorarme de una persona un tanto distante, un tanto seca, "glacial" como le decía yo, "moderada", decía ella. No se le escapaba un te quiero ni por accidente, una caricia; y lo peor de todo es que el amor que yo le tenía crecía todos los días. De todas maneras, ella me decía cada tanto, cuando yo le decía que necesitaba amor (sí, penoso, pero lo hacía), me decía que a pesar de su silencio sentía muchas cosas, que a pesar de su boca cerrada, me amaba. A pesar de no demostrarlo como yo.
 Nunca supe si era cierto, quizás era yo el que esperaba demasiado, porque yo daba demasiado y quería que me devolvieran un poco lo mismo, más o menos. Hasta el día de hoy sigo pensando que quizás era yo: muy intenso, muy romántico, muy adulto de tan joven. Y permítame que le confiese algo, que antes me daría vergüenza pero ahora ya no, no tengo nada que perder, o que ganar. Yo lloro, yo lloro todas las noches, al costado de la cama, dejando el lado derecho vacío, desocupado, como si ella fuese a volver. Yo la extraño, desde que se fue es difícil, desde que se fue yo dejé de ser quien era, perdí la alegría, perdí las ganas de plantar flores azules en mi jardín, fíjese, pero fíjese bien, mire por la ventana, ¿qué ve? ¡¿Qué ve?! ¡Mire ese jardín desnutrido! ¡Mire la tierra! Siquiera hay pasto... No hay nada. Y ahora míreme a mi, ¿nota alguna diferencia? Estoy tan muerto como la naturaleza que solía haber ahí afuera, nadie se ocupa de cuidarlo. Yo no me ocupo de cuidarme, y es que lo intenté pero me canso. Me cansa dormir, despertar y respirar, y caminar hasta el hospital una vez al mes para hacerme los chequeos de rutina, me cansa tener que cocinarme, porque el camino de unos cuatro pasos y medio desde la cocina a la mesa, es interminable, y no por mi vejez y mis músculos atrofiados y mi fatiga a flor de piel, mas por los cientos de recuerdos que recuerdo en ese paso, y en el siguiente, y el siguiente. Peor aún es, llegar a la mesa con el mismo mantel de alguna Navidad pasada y apoyar un plato, un solo plato, un solo vaso, más el silencio haciendo ruido. Me cansa esta vida. Ella me cuidaba, siempre. De lunes a lunes sin feriados ni vacaciones. Aunque me mandara cagadas y disculpe por robarme este término tan de ustedes. Era incondicional, me hacía sentir bien, con pequeños detalles, que por supuesto, me di cuenta cuando era tarde.
-Pero nunca es tarde para volver a empezar-.
-Hace 25 años que se fue, ¿usted cree que nunca quise volver a empezar? Siempre quise, siempre intenté. En distintas partes del mundo, con distintas mujeres, sin mujeres. Con trabajo, sin trabajo. Viviendo solo, viviendo con mis padres, después de nuevo solo, después yéndola a buscar. Y me dicen, y me repiten, y me comentan; en el kiosco, en el bar, en el hospital: "Tantas personas en el mundo y usted sufriendo por una", y siempre respondí lo mismo: "Ojalá fuese cuestión de números"-.

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