viernes, 11 de diciembre de 2015

La gente vende humo

 Y al vivir por acá siempre vamos a creer que la felicidad es un iPhone, una buena notebook, un departamento grande con linda vista (a un parque, a un río), tener la cara más perfecta, el cuerpo más divino, la mejor comida en las alacenas, la mejor cafetera, los mejores contactos. Hasta te juzgan por tus sueños, siempre es menos el que quiere ser pintor que el que quiere ser abogado, pero para el que quiere ser pintor, ¡ser pintor es lo máximo! Y para ese nene de 3 años, ¡ser pintor es lo máximo!
 Es imposible que no se hable demás, que no se critique, acá se critica todo y critican todos, hay un estándar de persona y un estándar de vida que es al que todos tienen que llegar para ser aceptados, tener tales medidas, tener los dientes mega parejos y mega blancos, el pelo hiper lacio, la ropa prolija y taaal ropa, tal pensamiento, tales amigos, tal obra social, tal laburo, ir a comer a tal lugar, no ir a Día sino ir a Carrefour, no escuchar cumbia sino electrónica, hasta te juzgan por dejar de comer tal cosa y comer tal otra.
 Ni hablar de los que dicen que no hay que juzgar y después lo hacen, defienden a la nena con síndrome de down, al nene en silla de ruedas pero se ríen del verdulero porque es verdulero, y es una cosa tras otra, es una bola de la cual nadie se queda afuera, no hay nada que hagas que pueda pasar desapercibido, la vida en sí ya genera estrés con lo que <la vida> de hoy significa. El día a día en este mundo nos deja a todos malhumorados, tristes, afligidos (y ochocientos adjetivos más que quieras).
 Yo no sé si esto un día va a cambiar, si eso de "vive y deja vivir" será más que una frase cliché que usan las personas, pocas son las que practican esa forma de vida (de manera real), yo me sumo sin vender humo, no voy a defender a un discapacitado y ponerme a juzgar a mi compañero que labura en una verdulería, porque es todo más de lo mismo, lo pueden pintar de otro color, pero es todo más de lo mismo.

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