viernes, 6 de noviembre de 2015

Bailarina de ballet

Y me veo, a veces,
en el reflejo de un charco
de lluvia de agua dulce
y no sé bien
si soy lo de afuera,
si soy lo de adentro
o soy ambas cosas
por igual.

Luego salto
y camino en puntas de pie
y miro el sol
y el arcoiris inexistente de hoy,
llueve si me muevo,
llueve más si giro
con delicadeza
sobre el lago que persigo
y hasta truena el cielo
si el caballero, a mi,
me hace girar
con el roce
de una de sus manos impuras
en mi cintura pálida
y otra de ellas
en mi rostro frío.

Frío de invierno
que se consumió
todas las estaciones
del sendero
de verdes altos
que danzan sobre mi
cuando yo giro de nuevo
y ando girando
por el camino de hojas caídas
intentando llegar
al fondo del lago
que parece pintado;
y el caballero me sigue atrás
con sus dos pies izquierdos
intentándome alcanzar.

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