domingo, 27 de septiembre de 2015

Veinte de junio

Tus manos
sosteniendo las mías
no me dejaron
sentir frío
esa noche de
profundo
oscuro
y vacío invierno;
tus ojos
mirando los míos
no me dejaron
sentir la soledad
ni una vez más;
tu sonrisa
ya se había convertido
en mi obra de arte favorita
-y tu risa, la más preciosa melodía-;
y tus brazos
eran el lugar
en el que yo quería
siempre estar,
ya era tarde
para volver
a las cinco de la tarde
y decir "no",
me habías alcanzado
y a partir de las seis,
solo quise
que me trates suavemente.

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