sábado, 19 de septiembre de 2015

A sangre fría

Había una vez
un plato que llegó a las manos
de un joven hombre,
el plato tenía un par de marcas,
unas raspaduras,
no era liso
como el resto de los platos de los que él había comido.
Al principio
le gustaba comer de él,
luego se cansó,
lo rompió
y lo tiró a la basura.
Tiempo después,
quiso recuperarlo,
porque no tenía de dónde comer,
buscó y buscó
hasta que al final lo encontró;
el plato ya no estaba roto
tal cual él lo había dejado,
sus trozos habían sido juntados
nuevamente,
incluso ahora
tenía pintadas unas flores,
flores amarillas,
y alguien estaba dando un buen uso
de su capacidad,
aunque no fuese perfecto.

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