martes, 29 de septiembre de 2015

Al lado del banco crecen margaritas

Y ya no creo extraño
no poder decir "te quiero",
qué poca locura salir de viaje
pero qué bien el paisaje,
un par de calles y no soy lo que era,
cantar con los ojos cerrados
puede doler y no hace falta ver llover.
Ya no me gustan los altos edificios,
menos los que son solo vidrio
y el estacionamiento al lado
del árbol pelado por el invierno
no tiene semáforos funcionando
pero afuera a veces hay personas esperando.
Ya yo solo ansío poder ver
verde, celeste y madera
agua fría del cielo en mi cara
y pintar mi cabello de gris
porque vivo dos años al día
y termino y vuelvo a empezar
dos veces seguidas cuando pestañeo.

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