martes, 15 de septiembre de 2015

No hay nadie en el Sur

Cojo mi bicicleta
y sin rencor, 
me voy, 
porque no puedo vivir
esperando que el resto cuide mis sentimientos,
porque jamás lo harán
-pienso, bebiendo café,
con una dosis de realidad-,
entonces los mantendré en una caja
alejados de cualquier tío que quiera acariciarlos,
de cualquier tía que quiera comprarlos con poesía.

No puedo ver qué dejo atrás,
no quiero saber,
quiero correr,
de pronto saltar
y caer,
vivir cayendo,
como si nadie me esperara,
aunque de hecho,
creo que nadie espera por mi,
nadie, en el Sur.

Miro hacia el frente
y todo está torcido,
mi vida ha venido mal hecha,
-o quizá, no he sabido
vivirla como se vive una vida-,
pero la carretera sigue firme
y me aferro a ella
porque sé, que no se dará vuelta 
en este viaje sin destino,
sin saber dónde haré la primera parada.

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