viernes, 18 de septiembre de 2015

Muchedumbre de agua

Solía escribir pequeños versos
y los acompañaba con mi guitarra,
no sabía tocar, de hecho,
pero iba acariciando las cuerdas, acorde a lo que sentía
y sonaba bien,
las letras fluían con la melodía,
era un equilibrio armonioso entre dos artes;
mis manos bailaban,
me transportaban a cualquier cielo con el que soñara
y eso me hacía creer que todo, lo podía,
pero al momento de tocar de verdad,
de lanzarme hacia las letras,
fusionada con esa porción de madera,
perfectamente esculpida,
no sabía cómo cruzar la calle
bajo la lluvia
y sin mojarme,
cuando antes, improvisar,
me sentaba bien.
Eso me pasó contigo,
pensé que sabía quererte,
que mis maneras se adentraban en ti
como debían hacerlo,
pensé que sabía colarme entre tus huesos,
hacerte sentir vivo,
atravesar el laberinto de tus venas
que se traslucían, por tu pálida, frágil piel,
y acariciarte
para calmar cualquier dolor,
dejar el resto del todo, fluir;
pero el final me golpeó la ventana
y me dijo que había perdido
y se largó la lluvia,
estancada, de nuevo,
sin saber cómo cruzar,
pero esta vez dentro de casa
creía estar a salvo,
pero empezó a llover por dentro,
no sé nadar,
a veces me olvido de flotar,
y me hundo.
Hoy,
estoy inundada.



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