martes, 15 de septiembre de 2015

Me olvidé las flores

No puedo sostener mucho tiempo agua en mis manos; se escabulle,
no puedo sostenerla en el cuerpo, luego de bañarme; se seca.

En el mar, yo me hundo
y sumergida, vivo, vivo debajo del mar,
donde las lágrimas no se ven
y no se sienten
y no se marchan.

Mis pies sobre la arena,
camino,
camino sobre el fondo del mar
y miro arriba, el sol brilla, 
parece bonito el día, 
me camuflo entre las olas, cuando subo a respirar,
con mi pelo blanco, agotado por el paso del tiempo,
agotado de tanto esperar.

Aquí, debajo del mar, veo muchos barcos pasar,
pero ellos no me ven,
me camuflo entre las algas, 
con mis ojos verdes, que heredé de mi padre.

Aquí, 
aquí no tengo compañía,
más que la de unos pececillos, que no pueden escuchar
y me hacen sentir la soledad.

Suelo dormir entre las rocas
y tengo un sueño recurrente,
es tu mano,
tu mano atravesando el agua, 
cogiendo la mía con terneza,
lo más sutil que tienes tú, esa delicadeza,
y yo la tomo, de tal forma,
que pareciere te estuviere agradeciendo,
por venir 
y no olvidarte
que yo,
que yo siempre estoy en todas partes
y buscarme
bosque por bosque,
lago por lago,
mar por mar,
porque sabes que estoy en ningún lado,
pero vagando por cualquier rincón.


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