sábado, 19 de septiembre de 2015

Me desacomodaste la mente, ¡y luce maravillosamente mal!

Retrocedo el tiempo,
deteniéndome en el lugar
y en el momento
en el que acaricio tu pelo,
casi tan oscuro como la noche
en la que permanecimos bajo un árbol,
ya sin las hojas, que el otoño se había llevado.
De todas formas,
no importaba el clima
o la estación,
si estabas ahí,
tu mano sosteniendo la mía
bastó en aquel entonces.
Hoy, el perfume de tu ropa
aún gobierna mi piel
y mi acelerado corazón;
también mis noches de soledad,
en las que siempre te imagino
a mi lado,
con mi cabeza en tu pecho,
tus manos
entrelazadas con las mías
y tu boca, pegada a mi oreja,
susurrando algún "te quiero".
Podría jurar que
tu respiración, vive
detrás de mi cuello
desde que no estás,
y me hace suspirar
dos veces por segundo;
dos por cada vez
que pienso en vos.

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