miércoles, 16 de septiembre de 2015

diario de una mente con rejas

(Parte 2)

 Hola, soy yo de nuevo, Ema. ¿Os acordáis dónde habíamos quedado la última vez? Sí, exactamente allí, en la parte en la que me decía a mi misma que no fuese estúpida y no me encerrara en mis miedos otra vez. Pues lo he intentado, bueno, de hecho lo venía intentando hace mucho, pero todos los días damos siempre un paso un poquito más grande que el que dimos ayer. He intentado no arruinar las cosas, dejar fluir las situaciones, hacer lo que sentía cuando lo sentía, pero no me ha ido tan bien como os esperáis en esta historia. Siento que debería haberme quedado encerrada en mis miedos un rato más, pero los dejé ir y me dejé ir, de nuevo y para nada. De nada ha servido mi entusiasmo por la vida y el amor, por la risa y los besos, los abrazos, las miradas tiernas, o el acobijarse en alguien más.
 ¿Alguna vez habéis visto una de esas películas en las que el chico llega un minuto después de que el amor de su vida haya abordado el avión? Bien, yo sería el chico, y en este caso, no estoy segura de que el amor de mi vida, sea tan el amor de mi vida. ¿Qué tanto amor te puede dar alguien que no sabe que te está dando amor? ¿Qué tanto amor se puede sentir de alguien, que nada te deja claro? ¿Qué tan claro tiene que ser para uno saber si es amor? No lo sé. Aún no he podido responderme.
 La última vez que lo di todo por alguien, lo di todo, sin negociaciones, sin trueques. Para que se entienda mejor, digamos que le he regalado a una persona todos mis sentimientos, mis mejores deseos, mis pensamientos más profundos, mis sonrisas por las mañanas, mis historias, todo lo que he venido guardando desde que tengo memoria. Por eso acabé vacía, porque además, no recibí nada, luego de darlo todo. Era un cuerpo desnudo, tanto por fuera como por dentro.
 Esta vez no ha sido tan así, pero siempre hay algo que se pierde (como también algo que se aprende). Esta vez, trabajando mi encierro, la encarcelación que comparto con mis miedos, también quise dar lo que tenía, quise volver a sentir lo que te hace sentir el amor. Pero uno de mis miedos me advirtió que podría salir mal, porque, si sale mal una vez, ¿por qué no dos? Vale pues, le hice caso a ese miedo y he guardado una copia de seguridad de mi persona, es como un clon de ti, pero dentro de ti (sí, menos tecnológico que la modernidad de hoy). En fin, ese "clon" no es para nada malo, suena raro, pero es una charla contigo, es una unión contigo, con tu mente, es un equilibrio con todo lo que eres y vas siendo día a día, con todo lo que has aprendido. Es eso que te hace saber que si caes, debes levantar, que si te hacen daño, te recuperarás, que si das todo, sigues teniendo todo, porque te recargas todo el tiempo, porque tú, eres tu sostén, tu fuente de energía y todo lo que te mantiene de pie (tanto física como mentalmente).
 De todas formas, no mentiré; ha dolido. Ha dolido querer darlo todo de nuevo, compartir todo de nuevo y que eso no haya prosperado. Como plantar un árbol de limones, regarlo, cuidarlo y que nunca te de sus frutos, es cansador, es frustrante, porque te cansas de poner todas las piezas en su lugar y que nada funcione, te cansas de esperar, por más que sean horas, o pocos días, tú nunca sabes cuándo será el momento en el que algo empezará a funcionar. No sabes cuándo lloverá luego de meses de sequía, o cuándo parará la lluvia en épocas de tormenta. Solo... esperas.

(diario de una mente con rejas, parte 1) http://iammyownhome.blogspot.com.ar/2015/09/diario-de-una-mente-con-rejas.html?m=1

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