lunes, 7 de septiembre de 2015

diario de una mente con rejas

 Parte (1)

 Hola, mi nombre es Ema, y seguro esperan una gran historia detrás de este título, pero no, es solo una parte de mi vida pasada a solamente palabras. Vivo en una ciudad parecida a Nueva York, pero menos popular, misma cantidad de robos, misma cantidad de asesinatos, misma cantidad de taxis. Pero no es eso de lo que voy a hablar hoy.
 Tengo 16 años, y como casi toda adolescente de mi edad, me enamoro, siento que encontré al amor de mi vida hasta que la vida me da una bofetada despertándome de mis sueños irreales, trayéndome casi de los pelos a la cruda realidad. ¿Y cómo puedo yo luchar contra lo que está destinado a ser? O peor, ¿cómo puedo yo luchar contra lo que está destinado a NO ser? Claramente no se puede y no pude. Cuando te enamoras, estás tan embobada con la otra persona que pasas mil cosas por alto, diez cosas que no están bien, te parecen normales, estar mal te parece normal y no lo es. Es como ser inconscientemente consciente de que algo no está bien pero te supera el querer tanto a esa persona, que no puedes admitir nada. No voy a entrar en detalles de lo que fue mi relación, pero creo que con lo que acabo de decir, pues dejo muchas cosas en claro.
 Cuando terminó ese lío me pude dar cuenta de muchas cosas, llegué al extremo de que las relaciones me dieran terror, de escuchar la palabra "noviazgo" y ponerme mal, joder qué lío es mi cabeza. Me daba miedo tener un compromiso con alguien, no quería saber nada. De hecho, sigo en esta etapa aún, no sé por qué cojones estoy hablando en pasado. Ningún extremo es bueno, por lo tanto, soy consciente de que no está bien ni salir de una relación enfermiza y querer entrar en otra igual, ni tampoco está bien tenerle pánico a las relaciones. Tuve noches en las que pensar en estar con alguien no me dejaba dormir, una puta locura. Ahora estoy en ese camino de "anda, no te pongas en estúpida que así no llegamos a nada tía".

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