miércoles, 12 de agosto de 2015

ahora cree en lo que juraba no existía

 Fui a una de las galerías de Buenos Aires que frecuento, La Bond Street, fui a comprarme unas cosas que solo ahí venden. Caminando hacia ese sitio, pasé por uno de los locales de tatuajes más conocidos y la vi a ella, la vi a mi antigua novia, trabajando en ese lugar. Estaba concentrada, terminando de tatuar a un hombre de unos treinta y tantos, pero a la vez se la veía perdida, es complicado de explicar. En ese momento tuve un impulso, entré al local, sin saber bien por qué y para qué. Le dije al primer tatuador que me atendió que quería tatuarme algo, no le especifiqué qué, solo le señalé a esa muchacha de tez blanca y ojos claros y le dije: "-Quiero que me lo haga ella-". Él no tenía problema porque yo era el cliente, yo era el que pagaba y estaba bien si quería decidir quién iba a tatuarme.
 Inmediatamente, el tipo fue a buscarla, a ella, a mi antiguo amor. Todavía estaba concentrada terminando un tatuaje, lo escuchó sin mirarlo a los ojos. Pude oír que le dijo: "-Nina, hay un hombre que quiere que lo tatúes vos, seguro vio cómo está quedando este trabajo y le habrá gustado-". A lo que ella le respondió "-Ah, buenísimo, decile que en 5 minutos estoy con él-". Sin saber que "él", era yo.
 Cuando me señalan, diciéndole que yo era el cliente, ella no tiene reacción alguna, o sí, simplemente actuó normal, como si fuera uno más, un extraño que acababa de conocer, y eso... eso dolió. Me dijo: "-Bajemos al cuarto de abajo, ese lugar está libre y ahí me decís qué es lo que querés tatuarte-". La seguí y cuando estábamos ahí, sus ojos cambiaron, no eran esos insípidos que me recibieron allá arriba, podía verlos llenos de recuerdos, dolor, una mezcla de muchas cosas imposibles de describir. Pensé que iba a decirme algo, pero no, solo me preguntó: "-¿Qué tenés pensado tatuarte?-". Le agarré la mano y la puse sobre mi pecho, le dije, mirándola fijamente a los ojos: "-Quiero un anillo, justo en donde está el corazón-". Vi que se le escapó una lágrima e inmediatamente se dio vuelta para secársela sin que yo la viera, y fingí que no lo hice. Me preguntó si tenía algún boceto, si había pensado alguna idea, algún modelo y le dije que no, que hiciera lo que ella quisiera, que podía inspirarse y tatuarme el anillo de la manera en que ella se lo imaginara.
 Me miró sorprendida y un poco asustada, me preguntó si estaba seguro, me recordó que era algo permanente y le dije que sí, que estaba más que seguro. Entonces preparó todas las cosas, se sentó a mi lado, en una posición que le permitiera llegar cómodamente a mi pecho y su mirada se tornó diferente, otra vez, era concentración pura, como si se hubiera olvidado que era yo, dónde estaba, todo.
 Empezó a tatuarme, lo hacía muy cuidadosamente, ese miedo que había aparecido cuando le dije que podía tatuarme como ella quisiera, no se notaba, para nada, se la veía cómoda y segura.  Habían pasado unos 15 minutos y ella jamás había tornado su vista hacia mi, estaba como desconectada, y en un momento empieza a tararear una canción, de verdad se había olvidado completamente de que yo la estaba escuchando, no lograba distinguir bien cuál era, pero creo que una de Foster The People, no lo sé, pero sonaba bien.
 Luego de unos 20 minutos el tatuaje ya estaba terminado. Era algo pequeño, sin muchos detalles, era algo sencillo pero diferente, era... especial. En fin, me gustó mucho cómo quedó, y parece que a ella también, porque lo miraba con unos ojos dulces, parecían llenos de alegría.
 Era hora de irme, ya estaba todo terminado, no había nada más que hacer. Ella estaba acomodando todas las cosas, dándome la espalda, ahí fue cuando me acerqué hacia donde estaba, muy despacio. Se dio vuelta y quedamos frente a frente, respirando nervios, ansiedad, miedo, dolor, todo junto. Le di un beso, en la boca, no fue un beso como esos que nos dábamos cuando éramos novios, en ese beso yo le decía "Sé que no vivo en vos, pero no quiero mudarme de tu ser, aunque a él no pertenezca". Supe que entendió ese beso, porque me lo devolvió con la misma frase.
 Subí las escaleras para pagar y cuando ya estaba arriba, la veía subir a ella, y sus ojos habían vuelto a cambiar, eran los mismos que me atendieron ni bien llegué a este local, esos ojos "normales" que le ponés a un extraño que acabas de conocer, y por trabajo. Era como si ella supiera que no había nada más allá, no había nada más que eso que hubo en el cuarto de abajo durante dos besos. Que todo terminaba otra vez, que algo que ya había terminado, se había vuelto a terminar sin siquiera haber empezado.

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