martes, 14 de julio de 2015

¡Llevo bien tu sangre!

Si tuvieras la chance de mirarte con mis ojos
y admirarte con mi alma,
sabrías que no es necesario volver a pedirme perdón
por ese tiempo en el que no estuviste,
ese tiempo en el que no estuviste físicamente conmigo
porque cuando mamá me decía antes de irme a dormir "que sueñes con los angelitos"
o todas las mañanas cuando me dejaba en el colegio "que Dios te bendiga",
ningún ángel más que vos aparecía esas noches,
ningún Dios más que vos me acompañaba día a día.
En mi vida no hay religión que valga,
la invisibilidad es perfección, por eso yo no creo
pero vos sos visible, vos sos real, vos sos humano
como yo, como todas las personas que me cruzo a diario
y como buen ser humano, uno se equivoca
y cuando uno se equivoca, aprende.
Cuando era chica, te tropezaste con tantas piedras que eran mías,
para que yo no tuviera que caerme y solo mirara de afuera, para que aprendiera sin dolor,
hasta que viste que yo necesitaba tropezar y caer, tropezar y caer, para así aprender,
entonces me dejaste desviarme de tu camino, para ir por el mío.
Nunca me ayudaste a levantarme, yo nunca te dejé darme la mano
y los dos sabíamos que era lo mejor, pero sin embargo
nunca me dejaste sola, cerca o lejos, me dabas consejos
sol o lluvia, vos estabas, amor, desamor u olvido, vos estabas ahí.
Siempre con la culpa en la garganta,
cada charla que tuvimos, siempre implicaba escuchar un "perdón" de tu parte
y yo de mil maneras diferentes, intentaba decirte que jamás necesité que te disculparas,
jamás quise explicaciones, jamás me debiste nada, ni amor ni recuerdos.
Vivís tu día a día sin saber que sos mi ídolo,
nunca supe bien el significado de esa palabra,
nunca tuve uno,
pero por alguna razón con vos empecé a usarla, y parece que te sienta bien,
me alegra ver que tus ojos tristes de hace años atrás
fueron perdiendo tristezas y acumulando alegrías
cada vez que yo te decía "sos lo mejor de mi vida",
cada vez que te recordaba lo bueno que eras, porque vos no dejabas de reprocharte el pasado.
para mi era un alivio, notar que en cada salida, se nos daba una charla
y en cada charla, alguna palabra mía, a vos te liberaba cada vez un poquito más,
hasta ese día del padre, en el que te canté una canción que hice para vos
donde no podía dejarte más en claro lo agradecida que estaba de que hayas sido vos
y no cualquier otro hombre en el mundo el que me dio la vida,
que hayas peleado tanto, y luchado, y sufrido, y malvivido
para que hoy, seas un héroe, no importa si solo yo creo en vos,
si tan solo yo profeso tu religión,
si tan solo soy una persona de las mil millones del planeta.
Soy fuerte, soy independiente, soy valiente, soy humana
y lo más importante, es que soy tu hija,
que orgullosa nombra el nombre de su padre,
orgullosa pa, creeme, ¡llevo bien tu sangre!


No hay comentarios:

Publicar un comentario