miércoles, 15 de julio de 2015

El pesar de un fruto

Me dejaste solo en el primer instante que empecé a respirar
ahora que crecí, mi vieja me contaba lo emocionada que ella estaba
cuando me vio nacer, ella fue la única que me acompañó a crecer
y ahora que crecí yo me pregunto, ¿nunca quisiste ayudarme a aprender a caminar?
Te fuiste sin mirar atrás, como si yo fuera uno más.
no te importó verme llorar y dejarla a mi vieja sola trabajar,
nunca supe lo que era tener un papá.
Todo lo que sé y todo lo que soy es porque la vida me enseñó,
día a día con mi madre luchando por lo que nos quitó mi padre.
Muchas veces te busqué en los lugares equivocados,
pero después entendí que era yo el desubicado,
vos no me querías, vos tenías otra vida muy lejos de la mía
y después de sufrir y preguntarme qué hice mal
si nacer o si buscarte,
yo decidí abandonarte
y arrancarte de mi mente, padre,
porque ocupabas un espacio sin estar presente.
Y si pudiera cambiar esta historia, todo dejaría igual
porque tu ausencia me hizo fuerte, me hizo valiente,
me hizo aprender a valorar el amor de mamá,
que me supo dar a su manera, una vida sincera
y ahora que crecí te digo a vos de frente y sin miedo:
yo no soy el que está vacío acá
vos te fuiste porque coraje nunca tuviste
siempre te dio miedo avanzar
por eso retrocedés a cada paso que das,
te acobardás nunca podés más.
Me viste tan chiquito e indefenso
¿no lo pudiste soportar?
Y ahora que lo pienso
gracias por dejarme, por no criarme,
ahora yo solito sé valorizarme y sé dónde ubicarme,
lejos de mi padre, y aunque solo,
siempre mi raíz será mi madre.


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