viernes, 26 de junio de 2015

Hablemos un poquito

Solía ser una chica muy insegura. Tenía mucha vergüenza de mostrar ciertas partes de mi cuerpo, no me gustaba mirarme al espejo, nunca estaba conforme con lo que veía, con lo que era yo. Siempre pensaba que tenía que llegar a ser perfecta, para que todos pensaran y dijeran que lo era. Era como que necesitaba constantemente que todos me dijeran algo lindo para sentirme bien. Los comentarios sobre mi siempre variaron, había personas a las cuales les gustaba cómo era exteriormente, a otras no les gustaba, y yo me ponía mal por esos comentarios que me hacían. La opinión de la gente para mi contaba, importaba y de eso dependía mi estado de ánimo.
 Tuve novio, uno solo, estar en una relación me hizo sentir segura, porque le gustaba a alguien, y alguien quería estar conmigo por cómo era, entonces eso hizo que me quisiera un poco más. que me mirara con unos ojos más positivos y que no estuviera tan pendiente de lo que alguien más pudiera decir sobre mi, ya no me importaba. Pero la relación en un momento terminó. Cuando eso pasó, yo empecé a sentirme muy mal conmigo misma otra vez, pero peor que antes. Volví a caer en esa inseguridad que tenía, volví a no quererme, en realidad, nunca me quise, fue como algo temporal porque alguien más lo hacía por mi, era como un reflejo. Estuve triste un tiempo, mirándome, viéndome solamente los defectos, los cuales los demás llaman así, yo ahora los puedo llamar "parte de mi".
 Uno de esos días en los que estaba mal, preguntándome por qué era así y no de otra manera, me puse a pensar en que no tenía sentido vivir creyendo que no valía, no tenía sentido estar en contra de mi misma. Pasaba los días sin quererme, no había una conexión conmigo, por más raro que suene, estaba totalmente fuera de mi persona. No me gustaba para nada lo que veía en mi, y aunque suene estúpido, o cursi o lo que sea, de a poco fui aprendiendo a quererme, a valorarme, respetarme y hacerme respetar. Costó, costó muchísimo. Aceptarme completamente, conociendo cada parte de mi, no fue nada fácil, implica muchas más cosas que decir "yo me amo", no es eso, es realmente sentirlo, y no decirlo por decirlo. Es ser capaz de conocerte tanto, de ser tan compañera/o con vos mismo/a que, por ejemplo, si alguien te dice algo malo, digamos, sepas pasarlo por alto en tu mente, porque lo que importa en realidad es lo que vos pensás de vos, nada más que eso, porque nadie convive con tu cuerpo todos los días, cada segundo.
 Cuando empezaron a pasar los días y empecé a avanzar mucho con el tema de aceptarme y amarme, empecé a estar de buen humor, a sonreír un poquito más, a verme como siempre había querido, era mirarme al espejo y amar lo que veía, por fin me gustaba y no me importaba otra cosa. Lo crean o no, nosotros mismos somos nuestros propios enemigos, y estar en equilibrio con nuestro cuerpo y mente es importantísimo para vivir bien, sin contaminaciones que salen de nosotros, porque no hay nada peor que la auto-destrucción.
 Digo que no es fácil porque cuesta, cuesta mirarte al espejo, estando sin ropa y verte completamente, sin filtro alguno. Cuesta aceptar cosas que quizás no te gustan, y no estoy diciendo que si no te gustan no puedas cambiarlas, obvio que hay cosas que se pueden otras que no, pero antes de hacerlo porque odiás eso que querés cambiar, tenés que aceptarte y amarte tal cual sos, y después sí, cambiar porque vos querés, por vos, no por nadie más, no por comentarios de otra gente. Nadie va a amarte como vos lo hacés, y tampoco podés darle la responsabilidad a alguien más de que haga algo con vos que vos no podés, porque eso no sirve, eso es temporal, te podés sentir bien un tiempo, pero no mucho más.
 También cuesta muchísimo el equilibrio con la mente, porque siempre es la que nos juega en contra en muchos aspectos, es la que nos hace pensar de tal o cual manera, y controlarla, creánme, es lo más difícil de todo el proceso. Pero de que se puede se puede, y de que es lo mejor para uno, lo es. Nada se compara con lo que siento ahora todos los días, con lo que sentía hace dos meses atrás, aprender a amarme fue de las cosas que más agradezco haber hecho, ser mi compañera, y no mi enemiga.

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