jueves, 7 de mayo de 2015

Fantasmas del apego

Hoy estuve allí,
en uno de los lugares que frecuentábamos,
me senté en nuestro banco,
donde supimos reír una vez,
me quedé un rato largo,
mirando para cada lado,
como si esperara que llegaras milagrosamente,
conteniendo las lágrimas que invadían mis ojos,
tragándome cada deseo de que volvieras,
cada ilusión de verte pasar,
de pensar que estarías ahí,
buscándome,
buscándote,
buscándonos,
pero solo vi extraños,
extraños que me miraban,
como uno mira a un cachorro abandonado en la lluvia,
y yo los miraba, tratando de transformar sus caras en la tuya.

Salí de allí como si estuviera huyendo de algo,
y creo que en realidad, eso hacía.
Caminé, mirando recuerdos, en vez de vidrieras,
el frío viento me abrazaba en cada calle,
deseaba tu mano abrigando la mía,
pero no la tenía,
pensé en escuchar un poco de música,
pero tu voz seguía siendo la única melodía que mis oídos aceptaban.

Me detuve en un local,
quería distraer mi mente de tantos recuerdos,
pero al parecer, el destino no está de acuerdo con que deje de pensarte,
había cientos de medias, sí, medias,
(de esas que te gustan),
compré un par, no sé para qué,
las saqué de la bolsa en la que me las dieron
y las guardé junto con tu remera, que aún no consigo sacar de mi mochila,
creo que pasará el tiempo y será solo parte de ella,
amarrada,
como mi ser está en el tuyo,
el que aún no consigo desatar.

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