martes, 12 de mayo de 2015

Anhelo de imposibles

Él sabía lo que quería
sabía lo que pondría en el papel
también en su vida;
ella no comprendía ciertas cosas,
quería preguntarle a él
pero temía que no le respondiera,
solo pensaba que
los poetas no hablan con mendigas
y se fue
sola, sin saber,
sin saber lo que quiso saber
y sin saber si los poetas hablaban con mendigas.

La mendiga no comprendía
la industria musical
la cinematográfica
la industria de la moda,
ella se comprendía a ella
pero quería saber más allá
porque sufría por cosas que tampoco entendía,
y miraba al poeta,
lo miraba vivir,
lo sentía escribir, y cuando eso pasaba
ella se echaba a dormir
y lo leía a través de los sueños,
porque los poetas no hablan con mendigas
y las mendigas no leen a poetas.

El poeta la veía,
la veía todos los días,
la veía vagar por los lugares
en los que él escribía,
"dulce muchacha misteriosa" suspiraba,
suspiraba en su interior.

Comenzó a escribir
sobre esta joven que lo hacía suspirar
"dulce muchacha misteriosa
tan imperfecta como ninguna
tan erróneamente en mi vida,
yo poeta y tu mendiga, quién lo diría"

La mendiga se echó a dormir
y leyó el poema
cuidadosamente en sus sueños más profundos,
se encaminó hacia el poeta,
esperando que hablara con una mendiga,
él le agradece cariñosamente
mirándola a los ojos
sin decirle nada más,
ambos sabían de lo que hablaban,
ella se había sacado una duda
y él, al rozar su mano,
ya tenía varias.

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